Los elefantes viven ilusiones de idilios con seres y corbatas ajadas; luego despiertan y vuelven a amar a sus hijos con besos y trompas. Los humanos rompen rutina con besos y sueñan que sus besos son trompas ajadas que luego se parten y caen al piso pues deberán despertar y volver a ese idilio del sueño de elefantes.
Mi alma encuentra cobijo
En la nostalgia bien entrenada
De un campo a herida abierta
En la sequía triste de julio
Donde arrasada por trilladoras
La vida fue hace tiempo
A mordidas indisimulables
Es tiempo de ojos abiertos
Arriba el trecho
El viento cerca la vista
Dame sin más
un ameno escondrijo sin herrumbre
un trabajo sin espaldas
y una cadena sin relicario
Quiero alimento sin sales
Quiero las sales adentro
Hasta aquel último aliento
Voy caminando o a rastras
Y si es que soy de la tierra
Que me reciba abierta
Hacia mis languideces
Voy a enterrar mis huesos
A torcer el cuello y contracturas
A morder frente a la nada
A mirar al cielo yendo adelante
Porque la tierra me quiere de hija
pero ni de hija soy austera
que me tenga amarrada si quiere
que se quede con mis primeros pasos,
que ancle mis raíces.
Que si muto soy clavel del aire
Y si muero mi piel se abre al sol
friéndose al cielo.
De hombros cansados, se incorporó en la cama. El Cero siempre le fue introductorio y los nuevos mundos solían alentarlo, pero después de 10 años comenzó a significar pérdida de tiempo. Revolvió los cajones, sabiendo todo lo que había adentro; lo que buscaba era una nueva combinación. Extendió todas las medias y empezó de cero.
Arriba en la alacena
Guardé una polilla
Para no verla adentro
De mi casa
Pero no la saqué.
Aquella vez que me tildé
Porque abrí la garganta
Y dije todo
Te fuiste y abrí la ventana
Después de bañarme el cuello en agua
Entró una libélula; gigante
Y chocaba contra las paredes
Y se quedó muerta en la mesa
Pero intentó volar y voló
Y se poso sobre los cables
La muy eléctrica
Siguió chocando
Y le abrí las ventanas aún más
Para sacarla de ahí
De mi cuello
Tomé mate, para calmar la angustia
De la garganta y sus insectos
Y entraron por los huecos abiertos
Decenas de mosquitos hambrientos
Pero equivocaron la fecha
El otoño sucedió al verano
Sus picos desaparecieron
Sus inquietudes nacían en vano
Los muy eléctricos
Siguieron chocando
Y les abrí la boca aún más
Para sacarlos de ahí
De mi casa
Revoloteaban sin saber cuándo
Ni cómo iban a saciarse
Los deje adentro, allí arriba
Y no hicieron más que regodearse
Solitos, cada uno por su lado
Cuando uno se acercaba
molestaba al de al lado
Y aquí abajo, entre notas y teclas
Yo transpiraba rearmando
Una noche de los mismos sobresaltos
Así es como retorna la magia desde las sombras de súcubos y brebajes de larvas putrefactas. Vivan, poco pero vivan, sus existencias vanas y su aporte al alumbrar senderos de castillos de cartas derrumbados mostrando así la pura contracara de todo el asunto. Se agradece la innata lupa en mano para el registro simple de las cosas.
Amor desacierta con sus lanzacamiones hacia algún paraíso eclipsado. Piensa en mañana al amanecer.
Paz se acurruca en alguna luna eclipsada del manto negro. Se arropa en su oscuridad tanteando, con esos deditos flacos, las velas que piensa prender al día siguiente.



